En septiembre del año 2000, los 189 países que conformaban las Organización de Naciones Unidas acordaron la redacción de los denominados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Este acuerdo tuvo vigencia hasta finales de 2015.

El conocimiento y la experiencia que se iban adquiriendo en este proceso, fueron claves en la designación en enero de 2012 por parte del Secretario General de Naciones Unidas de un equipo de trabajo con el objetivo de preparar la agenda Post 2015. Las conclusiones básicas de este trabajo se presentaron en la Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) en junio de 2012. El informe titulado “El futuro que queremos” se convirtió en guía esencial para la definición de un listado de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Tres años más tarde de la aprobación de este informe, el 25 de septiembre de 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En este documento se identificaron el listado definitivo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un marco conceptual integrado por 17 objetivos y 169 metas, que obligaban a Estados, Sociedad Civil y sector privado a medir sus contribuciones al Desarrollo Sostenible a través de ellos. Desde el 1 de enero de 2016 se encuentra en vigor.

La actividad turística contribuye de modo directo o indirecto a todos estos objetivos. Concretamente el turismo aparece directamente en las metas de los objetivos que a continuación se exponen:

  • 8, centrado en la promoción del crecimiento económico inclusivo y sostenible.

Meta 8.9: “Elaborar y poner en práctica políticas encaminadas a promover un turismo sostenible que cree puestos de trabajo y promueva la cultura y los productos locales”.

  • 12, encaminado a garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.

Meta 12.b. “Elaborar y aplicar instrumentos para vigilar los efectos en el desarrollo sostenible, a fin de lograr un turismo sostenible que cree puestos de trabajo y promueva la cultura y productos locales”.

  • 14, que intenta utilizar sosteniblemente los océanos, mares y recursos marinos para el desarrollo sostenible.

Meta 14.7. “Aumentar los beneficios económicos que los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países menos adelantados obtienen del uso sostenible de los recursos marinos, en particular mediante la gestión sostenible de la pesca, la acuicultura y el turismo”.

Sostenibilidad, responsabilidad, ética y actividad turística

El concepto de sostenibilidad propone en esencia que el desarrollo de cualquier actividad económica debe contribuir al desarrollo económico de una comunidad en el presente, sin poner en peligro los recursos de las futuras generaciones. Este principio fue considerado por ver primera en el documento “Estrategia Mundial para la Conservación” de 1980. Esa misma década la ONU creó la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, al que encargó otro informe que estudiara la situación ambiental del planeta.

Esa Comisión estaba encabezada por la Primera Ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland, cuyo apellido dio nombre al informe Brundtland (1987). Este documento definió el desarrollo sostenible, que era un concepto que se generalizaría en la Cumbre Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro (1992) y adoptaría carta de naturaleza en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johanesburgo en 2002.

Inicialmente la OMT aplicó directamente la definición señalada del Informe Brundtland al  turismo. En 2004 la OMT propuso, no obstante, una nueva definición que atribuía al turismo sostenible un uso óptimo de los recursos ambientales, respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas y asegurar actividades económicas viables a largo plazo que reporten a agentes locales y foráneos beneficios justamente distribuidos.

La Agenda 21 Local destaca en Europa como instrumento para avanzar hacia el desarrollo sostenible en entornos locales. La Conferencia Europea de Ciudades Sostenibles (1994) generó a la Carta de Aalborg, a la que se han adherido gran número de destinos turísticos.

La sostenibilidad es actualmente un valor clave en el cambio de modelo de desarrollo turístico. Más allá de la necesidad de adoptar comportamientos éticos por una cuestión filantrópica, tiene un valor per sé como elemento de competitividad de un destino. Desde esta premisa, el Consejo Global de Turismo Sostenible (CGTS), inició un proceso que adoptaba unos estándares mínimos para cualquier organización que quiera alcanzar niveles reconocibles y aceptables de sostenibilidad. Se establecieron unos Criterios Globales de Turismo sostenible en 2012, que son: (1) Organización de la gestión, (2) Sistemas de monitorización, (3) Inventarios de atractivos turísticos, (4) Seguridad, (5) Respuestas a crisis y emergencias, (6) Gestión de visitantes, (7) Riesgos ambientales, (8) Protección de entornos sensibles), (9) Conservación de la energía, (10) Contaminación lumínica, (11) Transporte de bajo impacto y (12) Planes públicos de ordenación de prácticas turísticas.

El turismo responsable proyecta una experiencia turística en destino desde una perspectiva de respeto, convivencia e igualdad en diversas dimensiones (hacia el medio ambiente, hacia las formas de vida y cultura de los residentes, hacia las personas y su particular organización social). El bienestar de la comunidad local es tan esencial como la del turista, y ambos deben ser consideradas en paralelo y necesariamente complementarias.

El éxito de una estrategia de turismo responsable se basa en ser incluyentes, escuchando a los colectivos implicados y haciendo que el beneficio sea mutuo. Avanzar en la responsabilidad turística exige cambios en el modelo de desarrollo turístico tradicional, perfilando un escenario que integra e interrelaciona todos los elementos del sistema, de modo especial: la sociedad receptora, recursos turísticos y agentes turísticos.

Los gobiernos actuales deben comprometerse en la generación de un nuevo modelo turístico ético y responsable, que genere riqueza repartida según criterios de equilibrio social y que favorezca la integralidad, lo que supone tener en cuenta factores del destino y no solamente de sus atractivos turísticos (conectividad, accesibilidad, seguridad, imagen exterior, capacidad de carga, etc.).

Manuel Rey Moreno

Director de la Cátedra Metropol-Parasol