Cada vez más son más habituales en nuestra sociedad urbana las iniciativas relacionadas con las denominadas ciudades inteligentes (smart cities), es decir, urbes que planifican y ejecutan procesos dirigidos a la optimización de infraestructuras y servicios públicos a través de nuevas tecnologías de comunicación, movilidad y eficiencia energética, con el fin de mejorar la calidad de vida de residentes, visitantes, empresas e instituciones que en ellas conviven. Son el resultado de la obligación, cada vez más imperiosa, de orientar la vida urbana hacia la sostenibilidad y calidad de vida, utilizando para ello la innovación, la tecnología y la interconexión inteligente de sus agentes.

Con este objetivo, la mayoría de Administraciones nacionales, autonómicas y locales evolucionan en sus modelos de gestión hacia arquetipos basados en el uso de las TICS. Giffiger et al. (2007) establecen seis dimensiones de consideración básica en smart cities: Economía, Sociedad, Gobernanza, Movilidad, Medio Ambiente y Calidad de Vida, que se subdividen en 31 factores y 74 indicadores de evaluación. A partir de éstas, Caragliu et al. (2009) definen una smart city como “aquella ciudad cuyas inversiones en capital humano y social, así como en infraestructuras de transporte tradicionales y de TICs favorecen el crecimiento económico sostenible y una alta calidad de vida, con una sabia gestión de los recursos naturales, a través de un gobierno participativo”. En España existen diversos rankings sobre ciudades inteligentes. La consultora Interrnational Data Corporation (IDC) realiza anualmente uno de ellos que aplica a núcleos urbanos superiores a 150.000 habitantes. Lo desarrolla tomando en consideración dos dimensiones clave: 1) Relacionadas con la inteligencia tecnológica (proyectos sobre gobierno inteligente, edificios inteligentes, movilidad inteligente, energía y medio ambiente inteligentes y servicios inteligentes); y 2) Agentes favorecedores de su aplicación (la facilitan o inhiben, como personal disponible, desarrollo económico y TICs).

El origen del concepto destino turístico inteligente se asocia, aunque no únicamente, a la aplicación del paradigma smart city a los destinos turísticos. Junto a éste, las particularidades actuales de los destinos ayudan a explicar la evolución hacia los smart destinations. Entre estas particularidades se encuentran: 1) la rápida adopción de las TICs por la demanda turística, 2) la alta penetración de las TICs en las empresas turísticas, 3) la importancia de la transversalidad para el turismo como la calidad de vida, el medio ambiente, la sostenibilidad o la movilidad, que condicionan la competitividad de organizaciones y destinos, 4) la generación de nuevos problemas en el ámbito de la gestión de destinos (congestión espacios turísticos básicos, turismofobia, gentrificación, etc.), 5) la generación de información que acompaña al desarrollo de los destinos inteligentes, que orienta hacia una gestión turística avanzada y 6) la asociación de turismo y TICs ha demostrado ser un campo preferente para el emprendimiento de nuevos negocios.

En el Plan Nacional e Integral de Turismo (2012-2015) se define el destino inteligente como “un espacio innovador, accesible a todos, apoyado en una estructura tecnológica de vanguardia, que garantiza el desarrollo sostenible del territorio turístico, y facilita la interacción e integración del visitante con el entorno, incrementando la calidad de su experiencia en el destino” (Blanco, 2015). Segittur (Sociedad Estatal para la Gestión de la Innovación y las Tecnologías Turísticas), por su parte, refuerza esta definición con algo más de énfasis en el elemento tecnológico e identifica los destinos inteligentes con “espacios turísticos consolidados sobre la base de una infraestructura tecnológica de vanguardia, un sistema de inteligencia que capta la información de forma procedimental, analiza y comprende los acontecimientos en tiempo real, para facilitar la toma de decisiones y la interacción del visitante con el entorno turístico”.

La definición de un modelo de referencia constituye un objetivo necesario ante un concepto complejo como el que se analiza. Invat-tur (2015) establece una propuesta basada en dos elementos. Por un lado, el relativo a los modelos teóricos de ciudad inteligente y, por otro, su adaptación a las particularidades de los destinos y la actividad turística. Su modelo pivota en torno al concepto de gobernanza y cinco ámbitos interrelacionados: sostenibilidad, conectividad, sensorización, sistemas de información y ecosistemas de innovación. Estos ámbitos desarrollan apps relacionadas con la e-administración, comunicación/comercialización, calidad integral del destino, información turística, fidelización, desarrollo de productos y nuevas experiencias turísticas.

Dentro del enfoque de los smart destinations y relacionados con el marketing 4.0 están los sistemas de inferencia y recomendación. Su uso se desarrolla a través de aplicaciones (apps) que facilitan la planificación de viajes, ofreciendo una selección personalizada de productos básicos (transporte y alojamiento) y complementarios (ocio). Estos sistemas pretenden que el turista pueda encontrar rápidamente productos adecuados a sus gustos y que los encuentre agrupados en itinerarios experienciales personalizados que optimicen la visita, por encima de los habituales listados generalistas de puntos de interés turístico existentes en las webs de destinos. Un sistema de recomendación o inferencia aplicado al ámbito turístico debe establecer mecanismos que permitan recomendarle ofertas personalizadas relacionadas con sus preferencias e intereses. Estos sistemas se concibieron originalmente a partir de recomendaciones proporcionadas por los propios usuarios, que se les mostraban a otros sujetos con interés (Tripadvisor, Foursquare, etc.). En la actualidad, el término tiene un significado amplio que gira en torno a un conjunto de plataformas que permiten optimizar el proceso global de oferta y prestación individualizada de servicios turísticos.

Un elemento clave en la configuración de un smart destination es el diseño y gestión de un Sistema Integrado de Gestión e Inteligencia Turística. Guevara y Rossi (2014) recomiendan su estructuración en cuatro módulos: 1) Subsistema de información (base de conocimiento con recursos turísticos y conocimiento de visitantes, plataforma web en su ámbito front office o interface con el turista o back-office para gestores o proveedores de servicios, apps, oficinas de turismo), 2) Subsistema de comercialización (centrales de reservas, sistemas de pago, sistemas de recomendación, gestión de relaciones con turistas-módulo TRM), 3) Subsistema de dirección (módulo DSS) y 4) Subsistema de integración (software de servicios que facilita consulta y actualización por terceros).

Las ciudades y destinos deben abrirse a una sociedad más horizontal, inclusiva, social, transparente, interconectada, responsable, sostenible y colaborativa. Los gestores de la Administraciones Locales deben tener claro que en este momento ya no se trata de tomar ventaja competitiva con respecto a otras si se adoptan estos principios. Esa fase ya está superada, ahora lo que se trata es de aceptarlos y trabajar coordinadamente en ellos porque es cuestión, simplemente, de quedarse fuera o no del nuevo escenario mundial.