29 abril, 2014

Turismo Urbano Sostenible

Fotografía de Txanoduna via photopin cc

Fotografía de Txanoduna via photopin cc

El turismo es la industria que menos se ha resentido con la crisis, la tabla a la que España se ha agarrado para capear este temporal, la tendencia creciente en este primer trimestre llama a la esperanza, pero ojo, es un recurso y, como tantos otros, agotable.

No, no queremos ser agoreros, queremos presentar la realidad de una actividad sensible, sujeta a múltiples variables, muchas de ellas emocionales, que puede ser la salvación o la ruina de un lugar en función de cómo se gestione.

Recientemente ha “saltado” a la red el documental de Eduardo Chibás Bye Bye Barcelona, en que se expone cómo viven el turismo los barceloneses que residen en las zonas de impacto.

ByeByeBcnDocumental

Son muchos los elementos denunciados:

  • Afluencia masiva de personas, que colapsan los servicios: transporte, urgencias…
  • Aparición de negocios específicos para el turista, que nada tienen que ver con las necesidades del ciudadano.
  • Encarecimiento de los bienes básicos y monetización de parques y jardines.
  • Sustitución de las viviendas y negocios locales por hoteles y multinacionales.

En definitiva, el ciudadano siente que es expulsado de su hábitat natural por el foráneo, que está de paso.

El documental también señala efectos negativos en la propia industria: “Tiene enclaves interesantes pero inseguros y los viajeros dejan patente una pérdida de calidad en lo que encuentran” (Santiago Tejedor)

La historia no es nueva, lamentablemente, la sufren hace tiempo ciudades como Venecia, Siena o Praga, y no sólo se circunscribe a los destinos culturales. Destinos tradicionales como la Costa del Sol, hace tiempo que estudian estrategias para corregir los efectos negativos del turismo de masas.

La consecuencia de esta situación es un proceso de gentrificación que deja la ciudad sin su auténtico carácter, sin su cultura. Lo irónico es que el turista ya no quiere viajar a un parque temático.

“El aumento del nivel de vida, cultural y educativo del turista lo hace más exigente y complejo en la búsqueda de emociones” (Ejarque, 2005).

La autenticidad es uno de los elementos valorados en destino y la posibilidad de imbricación con la cultura local uno de los factores que intervienen en la generación de experiencias diferentes y, por tanto, rasgo diferenciador que puede inducir a la elección. También tiene mucho que ver en la percepción de valor, la generación de la satisfacción y, con ella, la construcción de la lealtad que garantiza el retorno. Pero de todo ello hablaremos más extensamente en otras entradas.

La visión del documental, cada vez más generalizada, del turista como un depredador debería hacernos pensar en la ciudad como un ecosistema, e incluir la protección al ciudadano y su forma de vida en el análisis previo a la decisión de estrategias de desarrollo turístico, de la misma forma que hace el ecoturismo con el hábitat natural y la cultura local.

Una gestión inteligente decide acciones desde criterios de sostenibilidad en todos sus ámbitos: medio ambiental, social, cultural y económico. Esas actuaciones tendrán entonces capacidad real de regenerar la ciudad, y revertirán beneficios a largo plazo para los ciudadanos, sumando atractivo para el turista.

El-Valor-en-Turismo