En nuestros días las ciudades deben ser concebidas como espacios informacionales. La información permea a la mayoría de las infraestructuras, sistemas, eventos y actividades personales y grupales. Son entes receptores y transmisores de información de forma permanente.

La sociedad actual demanda, cada vez más, la configuración de un entorno urbano basado en principios de eficiencia, transparencia, desarrollo sostenible y calidad de vida. Ante tal situación las Administraciones Publicas, especialmente los Ayuntamientos, deben plantearse una evolución en sus modelos de gestión, buscando llegar a un arquetipo basado en el uso de las TIC para hacer que tanto su infraestructura crítica, como sus componentes y servicios, sean más interactivos y eficientes.

En este entorno se emplea el término Gobierno Inteligente para caracterizar aquellas actividades que, de forma creativa, invierten en tecnologías emergentes, junto con estrategias innovadoras, para lograr unas más ágiles estructuras e infraestructuras del Gobierno (Gil, Helbig y Ojo, 2014). Vinculada al concepto de gobierno inteligente se desarrolla el de Ciudad Inteligente (Smart City).

El fenómeno de las Smart Cities se enmarca en un escenario caracterizado por dos grandes tendencias (Telefónica, 2015):

  • El proceso de urbanización. Marca con fuerza el siglo XXI, el 54% de la población mundial es urbana en 2015, en 2050 se prevé que alcanzará dos tercios del total: 6.300 millones de personas vivirán en ciudades.
  • La revolución digital. El desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) da lugar a una realidad en la que proliferan los dispositivos conectados, fijos y móviles, tanto entre personas como entre máquinas y que está transformando la articulación del sistema productivo.

El concepto de Smart City ha recibido diferentes denominaciones entre las que se puede señalar ciudad sostenible, ciber ciudad, ciudad digital, ciudad centinela, ciudad del conocimiento, ciudad innovadora, ciudad ubicua, ciudad 2.0. Debe ser relacionado con una noción amplia y abierta de ciudad, que incluye varios elementos fundamentales: un espacio urbano, un sistema de infraestructuras, un complejo de redes y plataformas inteligentes y, sobre todo, una ciudadanía como eje vertebrador. El propósito final de una Smart City debe ser, por encima de todo, alcanzar una gestión eficiente en todas las áreas de la ciudad, satisfaciendo a la vez las necesidades de la urbe y de sus ciudadanos (Enerlis, 2012).

El impacto de la revolución digital sobre un mundo en proceso acelerado de urbanización explica la emergencia del concepto Smart City. La revolución digital constituye un catalizador de cambio sin precedentes, capaz de transformar vidas, sociedades y economías. La movilidad digital, las redes sociales, y el Big Data están generando un mundo hiperconectado y una sociedad colaborativa.

El término Big Data hace referencia a conjuntos de datos cuyo tamaño supera la capacidad de búsqueda, captura, almacenamiento, gestión, análisis, transferencia, visualización o protección legal de las herramientas informáticas convencionales. Incluyendo las infraestructuras, soluciones y modelos necesarios para extraer valor de dichos grupos de información de la manera más económica, rápida y flexible posible para una toma de decisiones inteligente.

La directa aplicación del Big Data a la gestión de Marketing da lugar a la denominada analítica del consumidor, o en su aplicación al campo urbano, del ciudadano. Los datos de comportamiento facilitan conocimiento acerca del mismo,  y el marketing trata de trasladar dicho conocimiento a una ventaja competitiva para las organizaciones y/o ciudades. La analítica se refiere, generalmente, a las herramientas que ayudan a encontrar pautas escondidas tras los datos (Erevelles, Fukawa y Swayne, 2016).

En el proceso de delimitación del concepto de Smart City, Roche (2014) identifica cuatro etapas que explican la evolución seguida a lo largo de su configuración:

  • La primera se vincula con elementos relativos a las TIC y la ingeniería. Parte de la idea de que las infraestructuras urbanas basadas en el uso sistemático de la información y de las TIC disfrutan de una mayor eficiencia.
  • En segundo lugar, se considera la Smart City como una oportunidad para repensar la noción de urbanización desde un enfoque más sistemático, reintegrando el desarrollo sostenible dentro del contexto urbano.
  • En la tercera tendencia se asocia con la idea de que la Smart City mantiene un compromiso activo de los ciudadanos y los procesos de innovación urbana, conduciendo la gobernanza de la ciudad a través de procesos abiertos con un enfoque de abajo hacia arriba.
  • La cuarta se refiere a las áreas urbanas, integrando las dimensiones digital y de ciudadanía en orden a incrementar la innovación y el aprendizaje, así como la movilización del conocimiento.

El punto de unión entre las diferentes visiones de una ciudad inteligente, debe ser la priorización de la ciudadanía y para ello la adecuada captación y análisis de datos como forma de apoyar políticas basadas en la evidencia, la solidaridad,la apertura, la transparencia en la información y el estímulo de un crecimiento económico sostenible (Kitchin, 2014).

Los datos y su tratamiento deber ser vistos como un elemento clave y esencial para poder llevar a cabo la visión de una Smart City, como una expresión objetiva y neutral, libre de ideología política, consciente y comprometida con lo que está ocurriendo en la ciudad, transmitiendo a través de ellos una verdad inherente acerca de las relaciones económicas y sociales, y ofreciendo una evidencia empírica robusta para la política.

Manuel Rey Moreno

Director de la Cátedra Metropol-Parasol

 

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